lunes, 17 de enero de 2011

Audífonos

"Cuando seas mamá me vas a entender" realmente no sé si ya llegue  a ese nivel de entendimiento, frase que me tiraba mi mamá cada que podía. Ahora que soy madre o poquito madre, porque apenas voy para dos años en este tren que en ocasiones parece descarrilado y que no tiene freno, lo que me queda muy claro es que los pequeños espacios en los cuales pueda escuchar una buena rola o leer un cachito de libro son difusos, fugaces, milagros del cielo, si no es una cosa es otra pero esos espacios nunca llegan, el cansancio, la labor, la atención o mil cosas más ocupan mi tiempo.
Tenía un buen rato queriendo comprar unos audífonos, cuando el pequeño toma siesta o se levanta tarde, me gusta escuchar música, pero puedo despertarlo, así que urgían unos audífonos para salir volando en una burbuja lejos, una burbuja que crea la música...
Igual que los espacios escasean, el dinero también escasea por una cosa o por otra, postergando la adquisición de los audífonos, me conformaba con poner bajita  la música o poner aquel pequeño despertador-radio en la cocina, mientras los guisos toman sabor, me conformaba con alguna estación mas o menos decente.
Hace unos días regreso la madre de mi compañero mejor conocido como "esposo" y ella como "suegra", llegando de Puebla con un montón de platos y tazas quebradas, el aeropuerto se encargo de quebrarlas y también de cobrarle 400 pesos por el peso extra y otros 150 por el emplayado de los trastos que llegaron como vil corazón recién abandonado, hechos trozos, entre su tragedia y coraje por lo  sucedido, vi entre aquel montón de pedazos una cajita con unos pequeños audífonos dentro, nuevecitos, de esos que te dan en la línea ADO.
Mi muy amado compañero aquel que todos dicen es tu "esposo" se los pidió pensando en mi amargura de no haber podido aun comprado unos.
Y aquí me tienen escribiendo y escuchando a Leonard Cohen, volando un rato.

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